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miércoles, 27 de noviembre de 2013

La adolescencia y su viva influencia en los adultos



La adolescencia y su viva influencia en los adultos

Escribe JORGE ALCAZAR

Resulta curioso comprobar hasta dónde la naturaleza diferente de los sexos torna difícil la comprensión mutua de las peculiaridades individuales. Por amplio que sea el conocimiento actual del problema sexual, aún saltando por encima de prejuicios antañones, siempre, hombres y mujeres —y ambos con respecto a los homosexuales— hallan puntos de extrañeza recíproca, barreras infranqueables para la aceptación del compañero/a de cada uno.
Ello ocurre aún con hombres de alto valor intelectual, que han calado hondo en la cuestión concretamente homosexual, pero que no pueden saltar la valla de su propio sexo, que al fin colorea sus opiniones. Admitirán la legitimidad del sentir urano, mas al cabo no la justifican. 




Veamos, por ejemplo, lo que dice Anthony Burgess

"Compruebo que la teoría de la homosexualidad sobre la que se funda mi obra ‘El poder de las tinieblas' —se nace homosexual, así se es fabricado, está inscripto en el sistema glandular y cerebral del individuo—, acaba de ser confirmada por los científicos norteamericanos. No acusemos más a Edipo, a los colegios ingleses o las prisiones de Genet. Pienso, efectivamente, que ciertas personas están predispuestas a la homosexualidad. Lo que no la justifica . Si se renuncia a considerar el sexo en función de criterios racionales, se termina autorizando toda clase de aberraciones sexuales. Y cuando se pierde el sentido de la finalidad de las cosas, cuando se deja de considerarlas desde un punto de vista teológico — dónde está el objetivo, dónde la finalidad—, nos metemos en graves dificultades".



¿Pero cómo no va a justificarse lo que está justificado por sí mismo, lo impuesto por la propia Naturaleza? ¿Que cuál es la finalidad del uranismo? ¡Pregúntenselo a la Naturaleza!... Claro, que si metemos a la teología de por medio, cambiante y diversa, según las latitudes y los tiempos, entonces sí no se comprenderá ni la homosexualidad ni tantas cosas. ¿Cómo confundir el amor griego con una aberración, cuando se acepta que "está inscripto en el sistema glandular y cerebral del individuo"? ¿Y qué se entiende por aberración? El diccionario expresa que se trata de “un extravío, de un error y, patológicamente, de una anomalía o desorden orgánico o mental".




Y bien, podría considerarse extraviado o errado, al heterosexual adulto que se inclinase a la inversión, pues estaría apartándose de su naturaleza esencial. Pero el uránico no se extravía, es consecuente con sus impulsos naturales y los obedece. Fuera de ello no se desvía en nada, cumpliendo normalmente sus deberes sociales. Aún muchos de ellos —sabios, artistas, intelectuales—, han contribuido con sus obras al progreso de la humanidad, sin perjuicio de que amasen a contramano. 



¿Anomalía, desorden mental? Miguel Ángel Buonarrotti y Leonardo da Vinci, ambos uránicos, serían, desde el punto de vista de la mayoría, "anómalos, desordenados”. Pero de su anomalía surgiría la obra colosal que nos legaron. Su exquisita sensibilidad, su poderosa imaginación y el impulso másculo incentivador, los predisponía a la creación de temas y formas luego jamás superadas. Asimismo Sócrates, Platón, Walt Whitman, Verlaine y tantos otros filósofos y artistas homoeróticos, serían también anómalos y desordenados, pues su género de vida independiente y tumultuoso no acordaba con el del prójimo. Es el doloroso destino de las minorías.


Por otro lado, las aberraciones sexuales no son muchas; existen desde los orígenes del mundo y por ello la humanidad no está peor que en los tiempos adánicos. Hay un fondo moral en el hombre que, al fin, se sobrepone a todos los excesos y la templanza acaba por ordenar su conducta. En rigor, los individuos malvados, egoístas, mendaces, estafadores de antaño no eran de mejor índole que los actuales y hubo que convivir con ellos, ya que de este barro confuso de gente buena y mala está formado el mundo. También ha habido siempre homosexuales con inclinaciones enraizadas en "su sistema mental y glandular". La cultura puede suavizarlos y frenarlos, pero no erradicarlos. Oímos decir: "Hombres derechos y viriles eran los de antes". Bien, los griegos de la antigüedad amaban apasionadamente al efebo, siendo al par valientes guerreros y pensadores. 




Remontando los siglos, leamos lo que escribía Francisco de Quevedo, hace casi 300 años:

Todo se ha trocado ya, todo al revés está vuelto.
Las mujeres son soldados y los hombres son doncellos.
Los mozos traen cadenitas, las niñas toman acero
que de las antiguas armas sólo conservan los petos.



EL ADOLESCENTE, PUNTO CRÍTICO

Pasan las generaciones, y a pesar, según Quevedo, de que "las mujeres son soldados y los hombres son doncellos", las parejas se siguen uniendo y dando hijos, como que la heterosexualidad es el sexo mayoritario y todo termina en matrimonio. Y también seguirán los homosexuales, contra toda crítica y persecución, buscando al varón para satisfacción de sus instintos, porque ello está inserto en su naturaleza. "Cuando se pierde el sentido de la finalidad de las cosas, dice Burgess, cuando se deja de considerar desde el punto de vista teológico, nos metemos en graves dificultades". Y en cosas del sexo, ¿quién conoce los designios de la Naturaleza, los propósitos de un Dios desconocido que admite la existencia de seres bisexuales? La androginia de ciertas especies animales que reúnen en sí los dos sexos, o de las plantas monoicas, que albergan en un mismo pie flores del sexo opuesto, ¿puede considerarse aberrante, "degenerativo"? ¿Qué propósitos aberrantes podemos adjudicarle al Dios de los teólogos que ha formado seres así?
Ningún heterosexual culto condenará ya al gay, ni creerá que su aceptación puede necesariamente derivar en manifestaciones aberrantes. Lo que en materia amorosa decidan dos adultos es asunto privado; en tanto no hagan daño a terceros, es cosa de su exclusiva incumbencia.




Se hace hincapié en la influencia perniciosa que un gay pueda tener sobre un adolescente, ya que éste es justamente el apasionado objeto de su deseo erótico. Pero ocurre que también las jovencitas, con su gracia fresca, su ingenuidad y timidez, han inspirado el ardiente amor de muchos heterosexuales adultos.
Así, en la esfera uránica hallaremos también que muchos hombres célebres de todos los tiempos amaron con pasión absorbente a la efebicia. De igual modo que a ciertos heterosexuales les atraen las muchachitas, el uránico viril experimentará igual atracción por los muchachos. Se dirá que el caso no es el mismo. La joven conocerá el amor precozmente, pero siempre será un amor acorde con su naturaleza verdadera. 


En el hombre la cosa cambia. Durante la efebicia su sexo no está aún totalmente diferenciado, es ambiguo, impreciso y puede, a favor de la fuerte influencia de una amistad uránica, desarrollar esta tendencia, en perjuicio de la suya auténtica que, en condiciones normales, alcanzaría al egresar a la mayoridad. (Siempre, claro, que no se trate de un gay congénito. Aquí también se daría la situación opuesta. Empeñarse en inducirlo al amor corriente resultaría tarea peligrosa, pues daría lugar a la formación de una personalidad psicopática).




La amistad íntima que un gay adulto contraiga con un joven, será censurable en el caso que este sufra un daño físico, o adquiera modalidades femeninas, o debilite su carácter varonil. Ello, empero, no se observa en la mayoría de los casos, limitándose el ejercicio erótico a prácticas de masturbación al joven. Que, por otro lado, él ya suele practicar por su cuenta. En el primer caso, se masturbaría por delegación... El llamado "vicio solitario" lo impone la Naturaleza hasta que se alcanza la mayoridad. Siempre ha sido así. Cuando el muchacho llega a la madurez, su instinto irá rectamente hacia la mujer, quedando en el recuerdo la masturbación y la amistad episódica con el gay.


Ejemplo de lo que decimos lo tenemos en la sociedad griega del siglo de Pericles, donde la inclinación a los muchachos era la forma más elevada del amor, al menos en esa etapa de su evolución. Filósofos, artistas, escritores y estadistas practicaban ese amor-camaradería, romancesco, exento por lo general de allegamientos físicos y lo manifestaban espontáneamente, sin el menor sentido de culpa. La formación del hogar con la compañera y el ciclo de las gestaciones llegaría tiempo después.




Durante el Renacimiento italiano florece el amor griego, encarnado en sus figuras más egregias: Miguel Ángel Buonarrotti y Leonardo da Vinci. El primero revela un homosexualismo casto, pero atormentado, que se manifiesta con sus discípulos y amigos jovencitos. Primero entre todos, Tomasso dei Cavalieri, por quien siente una ardiente pasión. No corresponderá éste el sentimiento del Maestro, pero ha de manifestarle siempre, hasta el fin de sus días, una respetuosa adhesión. Miguel Ángel le envía apasionadas cartas, en las que le expresa, entre otras cosas: "Poderoso genio... un milagro... la luz de nuestro siglo". Le ruega que no lo desprecie, lo colma de regalos, dibuja su retrato de tamaño natural. En uno de los sonetos que le dedica expresa el deseo de que su piel pudiera servir de traje a Tomasso y aun más, agrega que quisiera poder convertirse en los zapatos que cubrieran los pies del amado; lo llama "il desiato mio signore" y otras lindezas que el destinatario, inteligente y admirador del genio, acepta, pero no comparte. Miguel Ángel echa el resto en el soneto famoso que comienza: "S'un casto amore, s'una pietá superna—, s'unia fortuna infra due amante aquale, ..."
Otras amistades platónicas contrae Miguel Ángel, algunas de tipo más sexual, como Febo di Poggio, Cocchimino dei Bracci y Gherardo Pierini, quienes le inspiran poesías de preciosismo literario. Algunos, vulgares y egoístas, sólo buscan su amistad para sonsacarle dinero.



También Leonardo da Vinci vive enajenado por la belleza adolescentaria, entregando su afecto a los jovencitos. "Vivía, refiere un historiador, rodeado de jóvenes discípulos, a los cuales tiernamente amaba por ser poseedores de alguna superioridad, ora de apostura física, ora de alteza espiritual, ora proveniente del intelecto. Parece haber sido su favorito Andrea Salai, mancebo de singular donosura, de rizados cabellos, 'belli capelli ricci et inanellatti'. No fue Salai tan solo el discípulo amado, sino, asimismo, el empleado más distinguido de cuantos le servían. La más bella talla que se conserva de su paleta es, sin duda, la de este joven privado."




Pero vengamos más acá, al siglo XVI, y hallaremos otro alto espíritu inclinado hacia la efebicia: Shakespeare. De sus famosos 152  sonetos, 126 están dedicados a "un amigo noble y bueno", cuyo nombre omite  -solo da las iniciales-, y de quien manifiesta: "tienes el mismo rostro pintado por la misma mano de Natura—,  tú, que eres el dueño y la dueña de mi pasión". Los sonetos, a juicio de algunos investigadores, fueron inspirados por el joven actor Willie Hughes, según otros, por Enrique Wriothesley, conde de Southampton, cuando éste contaba 19 años y el poeta 28. Otro ejemplo, entre miles, de amistades uránicas que no podían afectar el desenvolvimiento natural de la libido de la mocedad, dada la forma elevada y circunspecta del amador, más que homosexual, hermafrodita psicosexual.




Evocamos el caso del poeta norteamericano Walt Whitman. Hombre virilísimo, cantor del esfuerzo y del progreso de su nación, destaca en algunos de sus versos, espontáneamente, el intenso placer que le produce el contacto físico con la mocedad. Escuchémosle en sus "Líneas a un muchacho del Oeste" :

"¡Oh, muchacho del Oeste!
Te enseño a posesionarte de muchas cosas para ayudarte a ser mi discípulo,
Pero, si una sangre como la mía no circula por tus venas,
Si no te eligen silenciosamente los amantes, y silenciosamente no los eliges a ellos,
 ¿De qué sirve que quieras ser mi discípulo?".

Hylas y Heracles (Delmas Howe)


Otro fragmento de dicho poema, revelador de su platonismo entusiasta:

"Hacia ti me dirijo a menudo y silenciosamente, para estar contigo.
Cuando camino a tu lado, o estoy sentado junto a ti, o permanezco contigo en la misma habitación,
Poco sabes del sutil fuego eléctrico que por ti vibra dentro de mí".




En el poema lírico titulado: "Cuando supe al caer el día", expresa claramente su arraigada inclinación uránica. Veamos unos trozos:


"... Y cuando pensé que el amigo de mi corazón, mi amado, estaba ya en camino para unirse a mí, ¡oh, entonces fui feliz! En ese momento mi respiración se me hacía más dulce, y durante todo aquel día los alimentos me fueron más nutritivos, y transcurrió bien el bello día. Y el siguiente me trajo idéntico gozo, y con el nuevo día, al atardecer, llegó mi amigo".

En fin, que esa noche Whitman duerme en la playa con su amigo y concluye: 


"...el que yo más amo está tendido junto a mí bajo el mismo abrigo en el seno de la fresca noche. En medio de la quietud, envuelto en los rayos otoñales de la Luna, su rostro estaba inclinado hacia mí. Y su brazo estaba levemente apoyado sobre mi pecho— y aquella noche fui feliz".



En resolución, que el debatido tema del vínculo urano-efebo ya no puede seguir planteándose en el plano de la patología, cuando se refiere a individuos de altas calidades espirituales, ajenos a todo grosero materialismo y respetuosos de la integridad moral del amigo. El joven heterosexual que haya pasado por experiencia semejante, al arribar a la edad adulta, vivirá con arreglo a su auténtica naturaleza erótica y sin mella alguna para su desenvolvimiento social. Como lo expresa el Prof. Alberto Nin Frías, "el mal no radica tanto en el sentir como en el uso que de él se hace".


Un hombre bueno, noble y generoso, como es habitualmente el tipo urano, no puede hacer daño conscientemente a persona alguna. Todos, familiares y amigos, aún eróticamente en las antípodas, siempre conservarán de él un recuerdo emocionado y cariñoso.

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Hasta aquí, el polémico artículo publicado en la recordada revista argentina “Diferentes” (año 2, número 20, 1985).
Un “Adriano” de nuestro tiempo hablando de “Antinoos”.
Las argumentaciones del autor no terminan de convencerme. Pero lo comparto como cosa curiosa, porque es un artículo muy transgresor, que ponía una vez más ante la opinión pública el tema de las relaciones entre adultos y jovencitos.

Es un tema en el que no se puede generalizar, porque cada caso es distinto, cada joven madura en un momento distinto de su vida, y así como hay adolescentes de 14 años que saben perfectamente lo que quieren en cuanto a relaciones sexuales, los hay de 18 –y más- que todavía no lo tienen claro.
Así que las leyes están bien al poner el límite de 18 años, porque nunca se sabe el daño que se puede hacer a un adolescente, aunque se vaya con las mejores intenciones.




Acerca de las afirmaciones de Anthony Burgess en “El poder de las tinieblas”, hay un muy interesante comentario de José Luis de Vilallonga en La Vanguardia (6 de julio de 1992).
Un fragmento del mismo:

En cuanto a la homosexualidad, las opiniones de Burgess son radicales e inapelables, lo que resulta bastante jocoso viniendo de un inglés. "Nunca he tenido tentación alguna de carácter homosexual. Es más, siento una profunda aversión hacia todo cuanto atañe a la homosexualidad masculina." Y con una ingenuidad rayana en la simpleza, Burgess aclara: "Esa repulsión no la siento cuando se trata de mujeres. A todos los hombres (!) nos gusta mirar fotografías de lesbianas".
Entre otras muchas ingenuidades, Burgess asegura que se nace homosexual, que esa perversión está inscrita antes de que nazcamos en nuestro sistema glandular y cerebral. "De nada vale -protesta el escritor- acusar a Edipo, a las cárceles de Jean Génet y a las 'public schools' inglesas. Se nace homosexual como se nace jorobado o poeta." Pero Burgess no le encuentra disculpa alguna a la homosexualidad. "Si renunciamos a considerar el sexo en función de criterios personales, acabamos autorizando toda clase de vicios y aberraciones sexuales. Y cuando se pierde el sentido de la finalidad de las cosas, cuando uno se niega a considerarlas desde el punto de vista teológico -¿cuál es la meta? ¿cuál es el fin?-, entonces es mejor que aceptemos el riesgo de complicarnos irremediablemente la vida."
Los homosexuales ingleses -que no son pocos- atacan duramente a Burgess acusándole de no haber comprendido nada de este problema, que sólo lo es para él y para los que piensan como él.

Pueden leer el artículo completo en:

http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1992/07/06/pagina-15/33525220/pdf.html

Para los versos de Walt Whitman, tomé como base la traducción de Francisco Alexander, "Hojas de Hierba- Versión directa e íntegra conforme al texto de la edición definitiva de 1891-1892", Editorial Novaro, décima edición, 1978.

domingo, 4 de abril de 2010

Comentando el libro de Hugh Hagius


“Vivo como en medio de un hermosísimo sueño, entre vastas concepciones del pensamiento y del arte. Mis ojos están fijos en lo eterno bello. La primavera pone en mis venas su savia poderosa y el mundo se me ofrece como una fiesta etérea, inmaculada, espléndida. Hospedo las aspiraciones más serenas y grandiosas: me veo mensajero de Cristo y Apolo, el primero en levantar el velo de muchos misterios que nos asemejan a Dios porque acrecientan nuestra libertad interior.”

(Alberto Nin Frías)

Hace unos días conseguí en una librería montevideana el libro con la vida del gran escritor uruguayo.
Esta maravillosa biografía escrita por Hugh Hagius, nos hace penetrar en el alma de Alberto Nin Frías citando frases y pensamientos como el que transcribimos arriba, tomado de notas manuscritas a las cuales podemos acceder por primera vez.
El libro comienza con la historia de los antepasados de ANF, y nos va guiando después por las distintas etapas de su apasionante vida y por sus libros, algunos de los cuales, más puntualmente los que hablan de homosexualidad, fueron recibidos con la más absoluta indiferencia por los críticos de su época.
Nos lleva también a conocer más íntimamente el entorno y los amigos de Nin Frías, transcribiendo algunas cartas escritas por don Alberto al gran poeta Julio Herrera y Reissig -rescatadas de nuestra Biblioteca Nacional por Carla Giaudrone-, una de ellas como respuesta a una poesía que le dedicara Julio, cuyo facsímil se publica en uno de los apéndices del libro.
Como un obsequio para el lector, la obra contiene emocionantes imágenes tomadas de uno de los clásicos de Nin Frías, “El homosexualismo creador”, libro muy difícil de conseguir hoy, pero del cual Hagius nos regala al final un capítulo entero.
Agrega también interesantísimos datos sobre Badanelli, sobre Lorca, y sobre los últimos tiempos del escritor en Balnearia y en Suardi, y fotos raras, tal vez inéditas.
Hay un dato sorprendente, y es que Nin Frías estuvo casado. Tal vez haya sido acerca de ese matrimonio que solicitó la opinión de María Eugenia Vaz Ferreira, como vimos en un post anterior.
En fin, un libro apasionante el de Hugh Hagius, con quien colaboraron varias personas en ambas márgenes del Río de la Plata, y que deja abierto un extenso campo de investigación para los próximos años.


Reitero, que el libro está a la venta en Amazon:

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Imagen superior tomada del libro de Hugh Hagius, publicada originalmente en "Ensayos de Crítica e Historia", 1902

domingo, 28 de febrero de 2010

Alberto Nin Frías: aspectos de su personalidad


Para ir cerrando nuestro homenaje a Alberto Nin Frías, agregaremos algunos aspectos de su personalidad tal como aparecen en las cartas que le enviara la gran poetisa uruguaya María Eugenia Vaz Ferreira (1875-1924), con quien mantuvo una perdurable amistad.

Amistad que llegó al punto de que la poetisa confiara en manos de Nin Frías, en 1903, el manuscrito de su libro “Fuego y Mármol”.
También nuestro autor publicó dos ensayos sobre la poesía de María Eugenia, que aparecieron en la revista “Vida Moderna”, en mayo y julio de ese mismo año.
Lamentablemente no se conservan las cartas escritas por Nin.
Esta correspondencia (mejor dicho, la mitad de ella) fue recopilada por otro poeta uruguayo, Rubinstein Moreira, en el libro “Aproximación a María Eugenia Vaz Ferreira” (Editorial Montesexto, Montevideo, 1976).


En la tercera carta, nos enteramos de un noviazgo de Nin Frías, acerca del cual solicita el consejo de su amiga, quien le dice:
“También me ha interesado la lucha que enturbia su felicidad; he pensado en ella y dividido en tres series sus inconvenientes, a saber: 1: perturbación de la armonía novial; 2: tropiezos del rito casados; 3: inconvenientes en la educación de la posible prole futura. Ahora bien; para opinar sobre el segundo, tendría yo que saber mejor las restricciones y concesiones de la religión de Ud. más las de ella, que a pesar de ser la mía no la conozco bien.”
Y después agrega:
“En todo caso los dos pudieron salvarse no casándose y siendo eternamente novios; este es un ideal.”
Al parecer, Nin mantenía serias diferencias de índole religiosa con su novia.
¿Se trataría realmente de una persona del sexo femenino, o sería una relación “prohibida”, de la cual no podía hablar libremente, ni aun con sus amigos?
De todos modos, más adelante, la poetisa expresa algo que nos habla del indudable atractivo que tenía Nin Frías para el sexo opuesto: “...si me hubiera tocado la dicha sobrehumana de ser su novia...”


En la carta IV, comenta una poesía que le enviara su amigo, y aquí nos recuerda que Nin Frías fue influenciado por Heine. Habla también del destierro, como una premonición de lo que sería el destino de nuestro autor:
“Muy linda su Balada, rápida pero de fuerte sugestión, donde brilla la suave y tan honda fantasía heineana. Como símbolo, es bella y dolorosa, -al fin, todos somos desterrados de algo, todos hemos escuchado aullar en un rincón de nuestras viviendas, sean ellas cabaña o palacio, sombría cueva o torre de marfil, al intruso lebrel.”


En la carta V, lo vemos en su faceta de galán, obsequiando a la poetisa una de las cosas que ellas más aprecian:
“Gracias por su ramo de flores. No sabe cuánto me gusta eso de ofrecer flores, y qué lógico encuentro el que ellas procedan de Ud., espíritu caballeresco, delicado y gentil.”



En la carta VII, que después sería publicada por Nin Frías en dos de sus libros, la poetisa ofrece un sugestivo retrato de su amigo:
“Sois oriental y os educaron en Inglaterra; esto explica quizá el conjunto feliz de vuestras cualidades; ser idealista, espiritual, sensible como los latinos, siendo fuerte, pujante y sano como los sajones... qué ideal! Las cosas antagónicas pueden extinguirse o completarse; y en vos, temperamento propicio a la paz y a la armonía, el consorcio de las razas se multiplica en una floración de virtudes; así sois inquieto en la investigación, sereno en los problemas, curioso en la filosofía, contemplativo en la belleza; sentimental y estoico, romántico, risueño, indulgente y austero.”


En cuanto a las cosas que compartían cuando Nin Frías visitaba a María Eugenia, nos podemos hacer una idea con lo que enumera en la carta X, reprochándole su larga ausencia:
“Ud. pudo ir en mucho tiempo y no lo hizo, y eso que tenía preparados libros para comentar, Chopines y Griegs, ajedreces, barajas, retratos de amigas lindas para Ud. mirar, y flores por todas partes!”
La casa desde la cual escribe, y que ella compara con un palacio medioeval, estaba en “Lucas Obes 75, Quinta de Ribeiro frente al Prado.”


Hasta aquí, lo que queríamos rescatar de esta correspondencia.


En un documento de la diplomacia costarricense (disponible on line en formato PDF), nos enteramos de que Nin Frías llamaba a su tierra natal “la Provenza suave de Hispanoamérica, la más pintoresca y culta de sus comarcas”, lo cual nos lleva a pensar en lo mucho que debió sufrir cuando marchó al destierro.


También está disponible on line el facsímil de la página 2 del diario santafecino “El Orden” de abril 2 de 1937, con un artículo informando sobre la muerte de Nin Frías en Suardi, departamento de San Cristóbal.


El redactor del artículo lo describe como el “dueño de uno de los talentos más claros y puros que nos fuera dado conocer.”
“Nunca sabremos si el dolor castigó las noches de su intimidad, hasta qué punto y por qué.”
Y prosigue con su homenaje al autor fallecido, sin escatimar elogios:
“Alberto Nin Frías, acaso el valor crítico y literario mayor de nuestros países de habla española. La complejidad de su obra coloca su personalidad en la cima de los grandes escritores contemporáneos, y si por su nacimiento es honra de la literatura uruguaya, por su nacionalidad de naturalización es timbre de orgullo el nombre de Nin Frías para nuestro país.
Fiel a sí mismo se nos aparece Nin Frías en toda su obra tan extensa como profunda. Presencia erudita la suya en todos sus escritos: en su deambular por las cinco partes del mundo y en sus ansias de otros mundos celestes que se iluminaban para él en el privilegio de su pensamiento. A su viajar constante con todo su equipaje lírico se debe el mérito de la universalidad de su obra.
Orden de pensamiento y de método, nobleza de la forma esculpida en la palabra apta, precisa, dócil a la gracia o a la inquietud serena de la belleza, la obra de Nin Frías tiene toda ella un impulso de juventud elaborado sin interrupciones.”


Después menciona a Pedro Badanelli en su calidad de albacea, y añade un dato más: que pocos días antes de morir, imposibilitado ya de escribir, Nin Frías dictó a su testamentario una carta para su amigo el doctor Gregorio Marañón, la cual no quiso luego que le fuese enviada.






 ¡Ya tenemos un libro con la biografía de Alberto Nin Frías!






A la venta en Amazon:

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Foto de Nin Frías tomada del libro “Pedro Badanelli, la sotana española de Perón” por José Carlos García Rodríguez.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Un efebo andaluz



En el libro de Alberto Nin Frías “Tres expresiones del espíritu andaluz”, uno de los capítulos está dedicado a la obra de Pedro Badanelli, a quien por ese entonces todavía no conocía personalmente. Los otros dos, a Federico García Lorca y a Juan Francisco Muñoz y Pabón.

Comparando a su futuro amigo con Lorca, dice:

“Ambos, afiebrados en el divino helenismo de sus respectivas imaginaciones, viven como acechando al ‘mocito’ andaluz para estamparle en sus lienzos, si es que por su «garbo»... «vale la pena».
El ‘Palladium’ del artista es la adoración de la belleza, y su mérito el saberla extraer de las canteras donde se encuentre.
..........
Ellos, como el helenizado Millet, percibirán la poesía del joven labrador montaraz, del zagal «vestido de estameña», de los apolos, en fin, continuadores del Ática pericliana.”



Más adelante, empieza a comentar la novela de Badanelli “Bajo la noche inmaculada”, y en particular, nos habla de su protagonista, el Currito Roldán, para cuya descripción toma el escritor andaluz “el buril de Fidias y el pincel de Apeles”.
Y cita Nin Frías una escena, cuando aparece el Currito en la Noche de San Juan, en el patio del cortijo durante la fiesta de las hogueras:

“Por fin, entre grandes muestras de júbilo por parte de todos, hizo su aparición el famoso «niño de la ollería».



Toda la cortijada pareció adueñarse de su persona, de su voz, de su guitarra, porque para todos iba a resplandecer el milagro de su «cante jondo».


Los hombres, las mujeres, los niños, encerrados ahora en el amplio patio del caserío miraban con una amistosa sensación de placer la sonrisa del divino «cantaor».


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Ahora entraba con sus veinte años vertiginosos; llevaba sobre su cabeza el adorno estupendo del sombrero de ala
ancha, y debajo del brazo, cogida con gracia inimitable, el sollozo dormido de la guitarra.


...........................
 
Ahora y siempre, en sus canciones, al compás de las guitarras, en torno de la hoguera, en el escenario de aquel patio de cortijada, ahora y siempre, Currito Roldán llevaba en su garganta el veneno del fuego. En sí mismo, en su voz, en su propia materia, en sus grandes ojos negros, en sus pestañas rizadas, en su rostro de bronce, en sus labios sangrientos, en su cuerpo gitano, en sus venas inflamadas, en sus propios átomos vivientes el Niño de la Ollería llevaba el veneno del fuego...
¡Oh, cómo cantaba!...


........................
¡La Noche!... ¡La Noche de San Juan!... ¡La Noche de Andalucía!... había desplegado para él el palio maravilloso de todos sus misterios, de todas sus estrellas. La Noche lo exaltaba como una gloria, como una música, como un perfume... Su perfil apolíneo se recortaba sobre el fondo de oro de las llamas, limpio, perfecto, con una especie de crueldad; y en su selvática y negrísima cabellera se enredaban cual rizos luminosos, las locas reverberaciones del fuego.”



Y comenta Nin Frías:

“De Grecia, quedaron el atleta y el artista; la sacra belleza del coraje físico y el refinamiento de los sentidos. El Renacimiento aporta un nuevo predicado: el de colocar al hombre bien parecido en el lugar de las deidades mitológicas, o de los personajes de la Biblia.
Pues bien, sabiendo a qué atenernos, ¿No es verdad que el Currito Roldán de «Bajo la noche inmaculada», es un personaje enriquecido por Badanelli con todos los atributos eternos de los cánones griegos? El cantaor de fandanguillos está pintado de mano maestra: con compás de arquitecto, con pincel de la escuela de Verrocchio.”


 
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En la imagen del encabezado, Federico García Lorca tocando la guitarra, en un dibujo de Santiago Ontañón, 1932.


jueves, 3 de diciembre de 2009

Un recuerdo de adolescencia de Nin Frías



El narrador de Sordello Andrea rememora con nostalgia la primera relación amorosa que mantuvo cuando adolescente con David Strathmore, un joven del servicio doméstico:

“Mi primer amigo, si tal puedo llamarle, fue un jovencito de dieciséis años (...) Era lo más parecido que he visto a un mancebo griego como Tryphon, hijo de Eutychos...

... Atizábamos el fuego del hogar, escuchando el chisporroteo incesante del carbón y pensativos quedábamos ante el caleidoscopio de las llamas. Nuestras manos se encontraban a menudo.
We touch heaven when we lay our hand upon a human body.
¡Cuántas veces permanecíamos dormidos, abrazados, olvidando juguetes, conversaciones, planes del mañana!”

“¿Puede visualizarse reunión más sugestiva, más donosa y límpida que estas amistades entre adolescentes?”



El culto al efebo en la obra de Nin Frías



Este escritor apasionado por la antigua Grecia y por sus ideales, traía seguramente en la sangre gran parte de ese sentimiento por lo helénico. Baste recordar que su padre, Don Alberto Nin, aquel diplomático de extrañas actitudes y compleja personalidad, fue quien hizo las gestiones ante el gobierno británico para traer a nuestro Museo de Bellas Artes los calcos de las esculturas del Partenón. Este hombre estuvo durante varios años como Encargado de Negocios del Uruguay en Inglaterra. Posteriormente fue enviado también a Bélgica y a Suiza. Esos años, desde 1887 hasta 1896 aproximadamente, coincidieron con parte de la niñez y adolescencia de Nin Frías.

Y es indudable que la huella más profunda que quedó en su corazón fue la de su formación en un colegio inglés de la época victoriana.
En ese momento se vivía en el ambiente de esos colegios la efervescencia plena de una de las “primaveras del homoerotismo” –de las que hubo varias en la historia del mundo-, hasta tal punto que la homosexualidad llegó a ser conocida como “el morbo inglés”.

Cada escuela pública, cada colegio, tenía ‘tutores’. Estos eran en general estudiantes mayores, que vigilaban la conducta y los hábitos de varios alumnos más jóvenes por cuya amistad rivalizaban, y con quienes mantenían frecuentemente una relación íntima.
Se ridiculizaban los valores victorianos y se consideraba el amor entre muchachos como la más alta forma de amor.
Si bien las relaciones eran más que nada platónicas, es interesante lo que uno de aquellos estudiantes rememoraba años después: 
“En la Universidad, sentimiento y deseo estaban dirigidos casi exclusivamente al sexo masculino. No conocí a nadie que por aquella época pensara en mujeres”.


En el excelente libro “La degeneración del 900”, Carla Giaudrone nos habla sobre el helenismo en la obra de Nin Frías, y especialmente sobre la influencia que en él ejerció el ensayista y crítico inglés Walter Pater (1839-1894), que junto con John Addington Symonds (1840-1893) fue uno de los iniciadores de la “primavera” que mencionábamos antes.

Giaudrone intercala también algunas citas del libro ‘Sordello Andrea’:

“En la escritura de Alberto Nin Frías la norma predominantemente andrógina de la escultura griega y los retratos del Renacimiento italiano es recuperada creativamente y propuesta como un espacio estético desde el cual el deseo homoerótico, expresado sin ansiedad ni pánico, se presenta como un medio válido de reflexión cultural. A través de sus numerosas novelas, artículos y ensayos, el escritor promueve el equilibrio entre el culto al ideal de belleza helénica, representada por el cuerpo musculoso del joven atleta, y la esencia de la identidad nacional griega.”

“... este singular escritor busca en la estética sexual victoriana –especialmente en la obra de Walter Pater- una genealogía redentora del homoerotismo que logra sobrepasar las fronteras aceptadas del continuum homosocial del período.”

“El uruguayo encuentra en Pater lo que la tradición hispánica le negaba: una genealogía redentora de la amistad masculina y el rescate del sentido estético-sexual de la cultura helénica.”

“Es en el Sordello Andrea donde el uruguayo le rinde tributo a su maestro inglés, y desarrolla en torno a los aspectos que más lo cautivaron de la lectura de Walter Pater:
‘Lo que me le volvió interesante, y esto por ser una característica helénica, fue su pasión por la juventud armoniosa, de cuerpo y alma. Enamorado de la Roma de Marco Aurelio, del Renacimiento, del Aufklärung, describió
siempre al joven de la época. Y aun más, en sus estudios sobre literatos y pintores del Renacer italiano, sólo describe aquellos en cuyas vidas hay indicios de apasionamientos extraños. Con placer marcado, encuentra las frases más tersas y más veladas para ofrendar a la amistad romántica. Ello se desprende de su impecable versión de la leyenda de Amis y Amile; de las vidas de Sandro, Leonardo o Winckelmann.

Los heroicos Leandros, los alados mensajeros de Maratón, los Antinoés también le seducían. (...) No hay nada de ambiguo en este culto: es en Pater manifestación de pureza de alma. En su solitario aprecio de la forma corpórea como indicio de una bella mentalidad, es acaso el último discípulo de Píndaro, cuyas odas servían de apología a la juventud victoriosa. Muchos genios le acompañan en esta religión.’


En Sordello Andrea, el deseo del artista por el cuerpo del adolescente varón se presenta como uno de los principales elementos en el proceso de la creación. Para el narrador, la genialidad que conduce a la innovación cultural se asocia directamente con el culto al adolescente. Tendrán que pasar unos veinte años para que Nin Frías en ‘Homosexualismo creador’ consiga definir con mayor precisión el potencial creador del ‘amor griego’ por el efebo, una pasión que el autor ubica en un lugar destacado de la filosofía platónica.




“El culto del efebo fue, sin duda, la idea del amor que acotan los interlocutores del diálogo platónico y de esa fe participaron la mayoría de los superhombres de Grecia (...). Parece a los modernos –y aun a aquellos que estudian objetivamente estas costumbres para aclararlas y comprenderlas- a tal punto extraño este amor griego que no se le concibe sino como una aberración, como una anomalía, o como la neurosis colectiva de una raza y, no obstante el más cerrado razonar, esa pasión condujo a un mundo ideológico de fuerza y de equilibrio de la razón.”


También José Assandri (en su artículo en “Lapzus 3”) comenta sobre este efecto beneficioso del uranismo que predica Nin Frías:
Su obra uranista fue una búsqueda. Y en su búsqueda formula una serie de procedimientos para enfrentar la persecución y la denigración. Tanto en ‘Alexis’ como en ‘Homosexualismo’ es posible leer una lista que comenzando con los bíblicos David y Jonatán, pasa por el ‘boté’ o ‘burdash’, conocido actualmente como el ‘berdache’ de las tribus aborígenes estadounidenses, personaje que no era ni hombre ni mujer. Nin Frías recala en los griegos y romanos, pasa por Shakespeare, Pater, para llegar a Wilde, Withman, Proust... Esa enumeración exhaustiva tenía una clara función política de mostrar aquellos uranistas a los que tanto les debe la humanidad.
A esa enumeración agregaba no sólo observaciones sociológicas, sino también lo que podríamos llamar una clínica invertida, en la que resaltaba aquellos “síntomas” que no podían calificarse de patológicos sino de productivos a causa de una ‘pathos’ o pasión que no debería considerarse negativa.
..........................

En oposición a lo que podían ser las imágenes de deformaciones a causa de trastornos hormonales (como en el libro “Estados intersexuales” de Marañón), Nin Frías publica las imágenes de aquellos uranistas que han sido valorados por su obra. E incluso publica imágenes de lo que eran los ideales de la belleza masculina en esos tiempos.
En su llamado a la ciencia Nin Frías esperaba que desde esos sitios surgiera la aceptación del uranismo. Llama incluso a los uranistas a que hablen de sí mismos a la ciencia, a que hagan pública su vida.

El libro “El Homosexualismo Creador o la amistad a lo largo de las Edades”, publicado en Madrid en 1933, es aún hoy considerado una obra clave de la literatura gay en nuestro idioma, el primer ensayo que presentó la homosexualidad de un modo positivo. Fue leído y apreciado por el gran Federico García Lorca.


Y volvemos a Carla Giaudrone, que finaliza su ensayo sobre nuestro autor con estas luminosas palabras:
La escritura de Nin Frías crea un espacio estético cultural desde el cual son cuestionados los códigos convencionales de género por medio de la exaltación del deseo entre varones. Al igual que Rodó, Nin Frías ve en la antigüedad clásica un paradigma ético-estético de civilización, pero a diferencia de aquél, éste rescata del modelo grecolatino aquello que Rodó se obsesiona por suprimir (muchas veces sin éxito): la belleza física del adolescente varón y el deseo que este cuerpo despierta en otros hombres. Mediante un cuidadoso trabajo de selección, traducción y reapropiación de la versión helénica victoriana, Nin Frías propone validar para el medio hispanoamericano un discurso estético-sexual centralizado en el deseo homoerótico en donde la marca de diferencia aparece presentada no como aberración sino como fuente de crecimiento y valor cultural.

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Fuentes:

-“Diccionario Uruguayo de Biografías” de José Fernández Saldaña, Montevideo, 1945
-“La degeneración del 900” por Carla Giaudrone, Editorial Trilce, Montevideo, 2005
-Artículo citado de José Assandri en “Lapzus”
-“El amor de los muchachos”, Adrián Melo, Ediciones Lea, Buenos Aires, 2005

Imágenes:

-“Un burdel para homosexuales masculinos en la Londres victoriana”, según la “Enciclopedia de la Sexualidad”, Océano, 1993

- La otra, sacada de la web; de aquí en más, cuando no aclare el origen, es porque realmente no recuerdo de dónde la copié.



Alberto Nin Frías: exilio y muerte



“Soy con vos desde que el violoncelo de vuestra gran música espiritual me ha embriagado con su nota grave, difusa, humana, hondamente profética.”
(Julio Herrera y Reissig, en carta a Nin Frías)

Busqué un olvidado, no necesariamente para hacer justicia. Simplemente para recordar.
¿Cómo es que se producen semejantes enterramientos?
Encontré a Alberto Nin Frías

(Diego Castro, en “El mirlo blanco”)


Nin Frías en Suardi

Los últimos tiempos de Alberto Nin Frías en el exilio fueron sin duda muy duros. Sabemos que murió en la pobreza.
Ya dijimos que las razones de su alejamiento del Uruguay no están claras.
¿Habrán sido calumnias acerca de su apego al “uranismo” las que lo forzaron a alejarse del país?
Tal vez nunca lo sabremos.
El escritor emigra tempranamente con su familia a Inglaterra en 1887, y retorna a nuestra ciudad en 1896.





Un comentario que escribió para el libro “El carácter nacional”, de Rafael Arias Buccelli –publicado en Montevideo en 1906-, quizá nos dé una clave para acercarnos a cuál era su sentimiento acerca del ambiente en su tierra natal:“Su libro constituye toda una revelación, porque ha venido a poner de relieve en una síntesis muy interesante todas las debilidades, todos los males y vicios de nuestra sociedad joven e imprevisora; y es que esta obra es un fortificante contra el mundo odioso de la calumnia y el vicio”.
En 1908 comienza un primer exilio, un exilio “diplomático”, “probablemente a causa de un affaire erótico no aceptado”.
En 1915 es “pasado a disponibilidad”, y al año siguiente toma la nacionalidad argentina a la que tenía derecho por ser su madre de ese origen.



En Suardi, lugar lejano de la provincia de Santa Fe, tuvo un amigo, confidente y protector que también era un exiliado y que se llamó Pedro Badanelli, un cura que fue posteriormente conocido como “la sotana de Perón”.

Sacerdote y abogado criminalista, había nacido en Sanlúcar de Barrameda en 1899. Fue creador de la cátedra de Psicología Jurídica en la Universidad del Litoral.
Dictó la primera cátedra creada en la Argentina sobre Cervantes (en el Liceo Municipal de Santa Fe).
Notable orador y novelista, autor de unas veinte obras, entre ellas ‘El derecho penal en la Biblia’. En 1962 publicó, prologó y comentó las
'13 cartas inéditas de Miguel de Unamuno a Alberto Nin Frías'.Fue también consagrado Obispo Titular de Caná de la American Orthodox Catholic Church, con Exarcado en Roma. Uno de los principales impulsores de la iglesia disidente en Argentina.


Badanelli todavía vivía cuando, en 1981, un grupo de admiradores de Nin Frías reeditó en Buenos Aires el libro “Tres expresiones del espíritu andaluz”.

Con muy buen humor comentó el hecho de que en ese libro Nin Frías lo da por nacido en Sevilla:
“...no sé de dónde pudo sacar Nin Frías que yo nací en Sevilla. Pero puesto que él lo afirma con tanta seguridad puede que esté en lo cierto.
........
Si así lo sostuvo y lo escribió él, a mí no me queda sino recordar la famosa frase de Pilatos: ‘lo escrito, escrito está’. De lo único que estoy seguro (de esto sí) es de que soy un andaluz auténtico, vale decir un tipo que posee el sentido festival de la vida, que no en otra cosa consiste el saberse y sentirse andaluz.”

Y seguramente Nin Frías se habrá sentido muy a gusto cerca de un hombre con esta visión positiva de la vida, si bien fue una amistad que duró tal vez unos escasos dos años, y no mucho más.

En un pasaje de su libro “Tres expresiones...” el escritor dice que todavía no conoce personalmente a Badanelli, de quien ha oído que vive “misantrópicamente en el tropical norte santafecino”. Y agrega que a Lorca tampoco lo conoce personalmente, a pesar de su esfuerzo por encontrarse con él en la visita del poeta a Buenos Aires.
Ahora bien. García Lorca partió definitivamente de la capital argentina el 27 de marzo de 1934. O sea que el encuentro y la posterior relación amistosa de Nin Frías con Badanelli se extendió, cuanto mucho, desde fines del 34 hasta su fallecimiento en marzo del 37.


Nin Frías llega a Suardi enfermo y pobre, y se aloja en la modesta fonda de Lahitte. Cuando empeora su salud -a causa de la hidropesía- es humanitariamente asistido por su colaborador, el joven poeta suardense Osvaldo Garigliano.
Presintiendo su muerte ya cercana, nombra a Badanelli su heredero universal y único albacea literario por acto testamentario de última voluntad.
Según cuenta Castro en “El mirlo blanco”, el escritor le reveló al sacerdote su deseo de que sus restos descansaran a la sombra de dos árboles. El deseo fue cumplido; Badanelli plantó dos cipreses a ambos lados del sepulcro, pero con el paso del tiempo y posiblemente por desconocimiento, a lo cual se sumó la necesidad de espacio en el cementerio, esos árboles fueron talados.
No era extraño ese anhelo en un escritor que, al igual que otro uruguayo de la época, Vicente Salaverri, se había convertido en un apóstol del culto al árbol, habiendo hecho una importante contribución al establecimiento del Día del Árbol en Hispanoamérica.


Hubo otro personaje de Suardi que cuidó de Nin Frías más allá de la muerte. Un pintor, Felipe Mandolini, que durante muchos años, cada vez que llegaba el Día de Difuntos, pintaba a la cal el pobrísimo túmulo donde yacía el escritor.
Vaya mi homenaje, en la persona de ese humilde obrero -y de Garigliano- a todo el pueblo argentino que siempre nos ha tratado a los uruguayos con tanta calidez, como si fuéramos nacidos allá.

Por último, quisiera mencionar a Mareilí Sordello.
En el artículo –ya citado- de José Assandri en “Brecha”, se hace referencia a esta escritora de Suardi, cuyo apellido coincide con el nombre de la novela autobiográfica de Nin Frías.
Dice Assandri:
“Pero ¿quién podía suponer que una familia de apellido Sordello se instalara en la misma localidad donde más tarde murió Nin Frías? Para Mareilí Sordello el título de la novela autobiográfica de Nin Frías debió haber sido un poco más que sugestivo.”
Así fue que, Mareilí quiso saber algo más acerca de Alberto Nin Frías, y por eso escribió una primera carta al Consulado de Uruguay en Rosario, y posteriormente también le escribió al vicepresidente uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, tratando de obtener información acerca de “el escritor” –como lo conocen en Suardi-, pero nadie supo decirle nada. Un autor uruguayo tan original, ha llegado a ser casi un desconocido en su propia tierra.

Hay en la web un precioso relato de Mareilí Sordello acerca de los últimos momentos de Nin Frías, que pueden leer en esta dirección:


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Fuentes:



-“Tres expresiones del espíritu andaluz”, por Alberto Nin Frías, Editorial Darío, Buenos Aires, 1981

-Noticia on line de “La Opinión” de Rafaela (marzo de 2007)

-Artículo de José Assandri en “Brecha” (enero de 2008)

-Ídem, en “Lapzus 3”, suplemento de “Brecha”

-Ensayo on line de Diego Castro, “El mirlo blanco”

- "Pedro Badanelli: la sotana española de Perón", por José Carlos García Rodríguez, Ed. Akron, 2008

- Artículo de Mirtha Cohitinho en “Revista Metodista” nro. 196

Imágenes de Nin Frías:
La primera, está tomada del documento en PDF de Castro, una hermosa imagen juvenil del año 1900.
Insertamos otras dos como aporte a la escasa iconografía
de este escritor:
La que aparece en el libro “Uruguayos Contemporáneos” de Arturo Scarone, Montevideo, 1918.
Por último, la foto que está al comienzo de la edición moderna de “Tres expresiones...”, y que lo muestra ya en su madurez, dictando una conferencia.

El mapa donde se marca la ubicación de Suardi y Balnearia -con referencia a las ciudades de Santa Fe y Córdoba- está tomado del “Atlante Internazionale” del Touring Club Italiano de 1927
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