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miércoles, 6 de junio de 2012

Adriano y Antinoo por Luis Antonio de Villena


Luis Antonio de Villena, gran escritor español al que ya hemos mencionado en este blog (y una fuente de inspiración a la que siempre volveremos), escribió una interesante semblanza del Emperador Adriano para la revista "La Aventura de la Historia".
Apareció publicada en la sección "Mi Héroe", página 130 del número 49, en noviembre de 2002: 


PUBLIO ELIO ADRIANO
A este emperador romano nacido en Itálica (Hispania) en el año 76, lo ha hecho modernamente célebre la novela de Marguerite Yourcenar Memorias de Adriano (1951), donde la autora franco-belga, con respeto a la Historia, da voz a un hombre, sin duda excepcional dentro de las condiciones del Mundo Antiguo, quiero decir aquí sobre todo, dentro de un mundo que aceptaba como normal la institución de la esclavitud...

Adriano -lejanamente emparentado con Trajano, su antecesor en el poder y final padre adoptivo- fue un intelectual enamorado de la belleza, que procuró conservar y acrecentar un patrimonio artístico y una cultura (la grecoalejandrina) en cuyos valores creía absolutamente. Fue designado emperador de Roma el año 117 y durante su reinado sólo hubo una guerra importante, que fue una revuelta en Judea (uno de los más inestables y problemáticos territorios del Imperio) entre 132 y 135.

Adriano joven, Museo del Prado, Madrid


Adriano (en latín Publius Aelius Hadrianus) viajó a lo largo de sus dominios y procuró ser justo, benevolente, sabio y feliz, hedonistamente feliz... Una de las monedas que se acuñaron con su efigie, lleva esta inscripción: Humanitas, felicitas, libertas. Siendo muy joven, leí esas palabras -y el sentido que el César quería darles- y quedé deslumbrado. Y creo que sigo deslumbrado, porque pocos gobernantes (aún hoy) son capaces de asumirlas o declararlas: Humanismo, felicidad, libertad...

Moneda de Adriano con la inscripción "Libertas"


Adriano (que amaba mucho a Grecia y singularmente a Atenas, fuente de la cultura en que bebía) residió un par de años en esta ciudad, promoviendo las obras públicas, entre ellas, la finalización del Gran Templo de Zeus Olímpico, que había iniciado Pisístrato, más o menos 700 años antes. Construyó su célebre villa en Tíbur (Tívoli) cerca de Roma, y entre tantísimas obras, su propio mausoleo, base hoy del Castel Sant'Angelo.


Se enamoró de un muchacho bitinio, Antínoo, que murió ahogado en el Nilo cuando tenía unos 20 años. Adriano llenó el Imperio de magníficas estatuas de ese amado -de hermosura rotunda- que encarnaba lo Bello Ideal. Una forma humana de la perfección del mundo.


Se dice que escribió -Adriano- unas memorias, que se han perdido, así como sus cartas. Pero de este hombre que aspiró a la belleza, a la armonía, a la libertad, a la paz y a la natural pluralidad moral, se conserva un poemita -que según una tradición, probablemente apócrifa- recitó en su lecho de muerte:
Animula, vagula, blandula... (Almita, errante, dulce...).


Han pasado cientos y cientos de años (Adriano murió en 138) y el César hispano sigue siendo, creo, un alto ejemplo de humanismo abierto. De buen ser hombre. Nada menos.
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Luis Antonio de Villena es autor también de un precioso poema que viene a ser como un reproche para los dos escritores (Peyrefitte y Montherlant) de los que hablamos en el post anterior.
Contra los "cazadores" de jovencitos en las calles -esos "Antinoos" heridos-, van dirigidos sus versos:



ANTÍNOO HERIDO

También es posible que esos ardidos buscadores
de belleza, acechadores del minuto hermoso de la juventud,
también es posible que ellos no sepan amar, sin más.
La infancia, siempre. Un oscuro, herido daño primordial,

cierto, pero (incapaces de darse, egoístas, medrosos,
íntimamente cubiertos de sangre) no saben amar...
Buscan entonces con sed la gloria adolescente del
leopardo, el muchacho de Maratón, el dorio atleta suave

como los rubios aqueos, u oscuro como los coptos
que servían vino y miel... Noche tras noche, la búsqueda
no cesa y el Todo se desmiga en multitud...

¡Con lo hermoso que es compartir la vida en amor,
ver dormir, cansado del amor, a tu buen amigo feliz!.
¡Desdichados estetas, agonizantes mendigos de una luz!

(Antonio Luis de Villena, en su libro “Alejandrías: antología”, Editorial Renacimiento, 2004)

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El artículo de Adriano lo pueden leer también (levemente modificado, sobre todo por la duda en el lugar de nacimiento) en la página de Antonio Luis de Villena.

jueves, 22 de septiembre de 2011

El camafeo antinoico de la Colección Peyrefitte





Así, rodeado por una imponente corona votiva de oro, apareció este camafeo en la revista L’Oeil (abril de 1974).
Al pie de la fotografía, lo identifican como un camafeo en ágata blanca-rosa sobre fondo opalizado, de 8.2 x 5.6 cm, montado en broche de oro y de la época romántica (siglos XVI-XVIII).
Representa a "Antinoo como pastor griego".
La corona votiva es de época helenística, siglo III antes de Cristo.


La imagen de este camafeo tiene un parecido con el tipo “Mondragone” de Antinoo.
Es, en todo caso, una imagen atípica del bitinio.
También podríamos identificarlo con el famoso “Amor de Tespies”, estatua que Praxíteles obsequiara a su amada, y ésta a su vez a su ciudad natal.


El "Amor de Tespies", la obra más apreciada de Praxíteles,
según las copias existentes en el Vaticano (izq) y en el museo de Nápoles (der)




La ilustración del camafeo forma parte de un artículo firmado por Xavier Gilles, y dedicado a la subasta en la cual se dispersó parte de la notable colección del escritor Roger Peyrefitte (1907-2000):


Una colección de Amor


¿Cómo puede uno separarse de una colección que ha sido construida y amada por casi treinta años? 
Roger Peyrefitte da una explicación en el prólogo del catálogo -ya de por sí una pieza de colección- dedicado a la dispersión, el 29 de abril en el Hotel George V, de sus ciento treinta y cuatro monedas griegas, cuarenta monedas romanas contenidas en dos preciosos medalleros de los siglos XVII y XVIII, y otros cincuenta y siete objetos de gran rareza: sellos, joyas, tallas, camafeos y una corona votiva. 


Naxos: Dracma de plata, aprox 450 A.C.
Cabeza de Dionisos
Reverso: Sileno desnudo itifálico (= con el pene erecto)




«Esto es posible, escribe el autor de Las Amistades Particulares, porque cualquier colección de monedas, desde el momento en que representa un cierto valor (tres millones de francos al día de la subasta) -es decir, desde que incluye un cierto número de piezas raras - desaparece en el cofre fort de un banco. Y este no es el acto de un avaro ocultando su tesoro, es más bien que uno asume la responsabilidad de cuidar algo irreemplazable. 
Todo coleccionista recuerda aterrorizado a aquel ladrón del Gabinete de Medallas que, después de la Revolución de 1830, hizo fundir el producto integral de su robo. »

Macedonia: Filipo II (359-336 A.C.)
Estatera en oro, proveniente de Tricca, en Tesalia
Cabeza laureada de Apolo
Rev: carro con caballos




Estos tesoros han salido de la caja fuerte «...como la estatua de un dios bajo el filo de un arado, para brindar a otros aficionados, a otros expertos, un regocijo un poco egoísta, sí, 
pero muy sabroso y refinado. »


El diplomático y escritor también explica cómo se convirtió en coleccionista cuando, de niño, su tío sacó un escudo del bolsillo y se lo dio para premiarlo por un trabajo bien hecho.


"Tomé la moneda con respeto en mi mano, miré aquel perfil barbudo coronado con laurel, vi la firma de Barre, leí la inscripción: « Napoléon III Empereur », y al reverso, « Empire Français », con el águila, la Legión de Honor , la corona, el cetro, la mano de la justicia, la fecha y ese valor incalculable ante mis ojos: ‘5 F’. Después mi padre guardó aquel escudo en la caja fuerte de su oficina, y me dijo, para inspirarme a la vez el gusto por la economía y por las colecciones: "Vas a hacer una pequeña fortuna cuando crezcas."


Macedonia: Alejandro III el Grande (336-323 A.C.)
Diestatera proveniente de Mendé
Cabeza de Pallas
Rev: Victoria con vestido talar




En realidad, como afirma en el prólogo del mismo catálogo el experto Jean Vinchon: «Una vez más, estamos aquí ante una "amistad particular"...Su sorprendente serie egipcia es un himno a la belleza, mientras que las efigies de la familia de los Severos son una oda al amor; Filipo hijo -PRINCEPS IUVENTUTIS- y Augusto, representados como adolescentes, reflejan la pasión de Peyrefitte por la juventud, y añaden un toque natural de erotismo que los coleccionistas descubren en las maravillosas tetradracmas, dracmas y estateras. »


Heliogábalo (218-222)
Áureo acuñado hacia 218-219
Busto del Emperador
Rev: Heliogábalo laureado, en atuendo militar




Heliogábalo, ese muchacho de quince años elegido emperador por su belleza, y Alejandro, hijo de Filipo, famoso también por su belleza, fueron las dos primeras y poco convencionales adquisiciones de Roger Peyrefitte en el Quai d'Orsay. 


-"¿Completando los emperadores?", le preguntó el numismático. 
-"Estoy empezando". 
-"Con Heliogábalo estás comenzando por el final."


Cuatro años de estadía en Atenas le permitieron desarrollar esta colección. «Año tras año, escribe, nunca dejé de mejorar la calidad de estas piezas, pues no siempre de inmediato se consigue un ejemplar remarcable. Pero iba en la dirección correcta, andando el lento camino desde lo "bello" y "bastante bello" a lo "excelente" y "fuera de concurso". De modo que cada pieza representa la eliminación sucesiva de una docena de piezas anteriores. »



Caracalla y Geta
Áureo acuñado hacia 199-200
Bustos de Caracalla joven y laureado y (rev.) Geta niño,
ambos con capa y coraza





 Él se vuelve a ver “sopesando un puñado de filipos y arsinoés, como un racimo de la vid de oro de Darío”, y comenta con Jean Vinchon - su consejero y amigo - qué es lo que les permite ahora a otros poder comprar el mejor Caracalla o un Heliogábalo fuera de concurso: 
"Ya conoces los versos de Omar Khayyam


Me pregunto qué podrán comprar los vendimiadores  
que sea la mitad de valioso de lo que venden."


Y le notamos un asomo de tristeza cuando señala, además: "Tal vez me he decidido a vender la totalidad de mi bodega por despecho, porque ya no es capaz de ofrecerme tales néctares."
Peyrefitte, que acaba de completar su libro dedicado a Alejandro Magno, concluye diciendo: 
Me queda este catálogo como souvenir artístico de esa larga búsqueda de la belleza y de lo extraño. La frase que lo corone, de acuerdo con Jean Vinchon, podría ser esta divisa: Finis coronat opus. 


Pero es un verso de Eurípides el que yo propongo a los que inician o continúan una colección similar:


"Lo que es bello siempre es amado”

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En la galería de Antinoo pueden ver una imagen en colores del mismo camafeo:

http://www.antinoos.info/antin9c.htm

martes, 30 de agosto de 2011

"Antínoo" de Carlos Framb



I

El primer día del mes de Atir
El segundo año de la ducentésima
Vigesimosexta Olimpiada...
La rubia sonrisa del dios sol acariciaba
Las colinas del oriente
-Tú llorabas-
Remontaba de nuevo la luz su trayectoria
En los cielos del Egipto milenario
-Tú amabas más las sombras de la noche-
El rocío enlucía las pestañas del nenúfar
Corriendo por su piel de púrpura
-Y por tu pómulo soñoliento aún-
El llanto de la mañana moría
En las ondas del estanque
-Y alcanzaba tu labio de sensual bisel.



II

Con tal postrer llovizna despedías
Los jardines del Amante:
Ya no arrobarías más tu alma
En los astros del Nilo
-Pasarías a ser uno entre ellos-
Ya no adormecerías más los pesares
En el altorrelieve de un torso
Porque éstos
Eran sed de infinitud,
Contorno de nimbus en el pecho apresado,
Sed que abría senderos en la tierra
Hacia el dulce reclamo de las aguas.



III

Pensaste acaso
Al influjo de adiós estelar
Que tu adiós sería el caer de una hoja
En Su laurel imperial.
¡Si supieras cuánto fuiste para Él!
Fuiste por años lirio de las aguas
Abriéndose a Su beso,
Fuiste clámide y lebrel,
Tránsito silencioso de una faz irrepetible
Y aun en éxtasis melancólica
Que lo ataba con su raro ensueño,
Fuiste promesa que se tiende a las plantas
Del desengaño para iluminarlo con un roce.



IV

Por qué Le abandonaste
La Historia te pregunta...
Acaso ya del cielo gris
No caía escarcha al huerto,
Acaso se llevaban las albas
Lo que pusieron los númenes en ti,
Acaso por un noble sacrificio.
Mas quizá te parecieron
-Como a mí-
Veinte años bella edad
Y las aguas poesía
Para hacer de una vida vana
Fantasía en los milenios.



V

La Náyade te guió, es lo cierto,
En tu marcha de agonía hacia el ribazo:
Atrás quedaba el Tíber
Y los íntimos perfumes del otoño
-Tu presurosa desnudez de cara al río-
Lejos ya las mañanas compartidas
Bajo el azul intenso de las Islas
-Tu solitaria inmersión de amoroso delfín-
Lejos, el juego donde siendo Él
Crucificado grito, fueras tú rendida cruz
-Y tu boca en el agua que se entreabre
Como quien pide un beso,
Como quien muere de sed...



VI

“¿Y dónde está mi joven pastor?”
Ascendió Su lamento al descubrir
Una ingenua estatua de alabastro y sol
Anegada entre lodo y guijarros.
“¿Y la luz de tu mirada tenue?
-Cristal de lapislázuli al poniente-
¿Y el flotar de tus bucles bitinios?
-Sombrío oleaje alzando vuelo-
¿Y la tensa delicia de tu vientre?
-Juego de cuerdas tendidas bajo mi mano
De asombrado citarista-
¿Y el calor que en la noche elevaba
Incendios en mi piel, haciendo
De cualquier estancia morada de dioses?”



VII

Es tanto de golpe
Con el cuerpo querido que se pierde:
El dulce rostro del joven bienamado
Y su boca nunca demasiado besada,
El pie que corriera tras los ciervos
Y el torso combado
Que elevara murmullos a su paso,
La cabellera de fauno en que navegó
Una mano,
La seda o piel de las unciones
Y el rosado orbe de los ocultos besos...
¡Todo ahora perdido bajo el lodo!



VIII

Cuando el amigo no abreva
Ya su sed junto a la nuestra
¿Qué son sin él los caminos y la noche?
-La nevada cumbre del Etna
Remontada a tu lado, un anochecer-
¿Y las brisas de altamar bajo los astros?
-Noches consagradas al misterio,
Tu joven mirada ante el vuelo de Pegaso-
¿Y los cánticos tristes y la inmortalidad?
-El delicado élegos
Opuesto al moaré rosáceo de tu labio-
Para quien todo el mundo ha sido un pecho
¿Qué es ya sin él
Un imperio, qué un Zeus Olímpico?



IX

Tantas horas desnudas
Un cincel copiando en mármol
El mohín exacto de una boca,
La curvatura lisa de tu muslo...
Pero ante la dulce y dolorosa
Certeza de la carne, para qué
La eternidad de una sombra que no tiembla.
Sueños de ser un Prometeo
Y robar el soplo del fuego que ilumina
La pupila con la misma luz
Del astro y la luciérnaga,
Que tiñe la piel con el tono
De la aurora y de la miel,
Que colma al ser con sonidos
De pájaros, con quejas,
Y sabores de almíbar y salitre.



X

Ya el horizonte se extinguía tras Él
Con el arribo de púrpura y estrellas
Mas para Su alma flagrante
Qué era una lágrima,
Qué era un clamor,
Qué era tener tu corazón de muchacho
Entre las manos
¿Y su música?
Qué era eternizar la forma de tu cuerpo
¿Y su llama?
Qué era ya la vida, vino breve,
Sin tu dulce fisonomía para el libamen.



XI

Habías sido
Huésped, escanciador y compañero.
Habías sido
El culto, la ofrenda, los misterios,
Como un Baco Su vendimia,
Como Ceres Su espigar...
Y en el silencio del dolor
Él oyó tus pasos alentando
En lejanos corredores:
Tus plantas apenas si acariciaban
Las losas que vestían el camino
Hacia la puerta de los dioses.
Y fuiste dios por Él
Con el derecho que da el amor.



XII

Te habías desleído ya.
Y en la noche egipcia, una luna de estandarte
Iluminaba apenas para adivinar
Dónde terminaban
Los sollozos de un hombre viejo
Y dónde empezaba
El epinicio de las aguas.
Te habías desleído ya.
Y en la noche egipcia, un hombre enamorado
De cabellera claroscura
Y por nombre Adriano, soñaba:
Veía su Antinópolis naciendo
De entre los légamos de Bessa hasta ser
Nube azul en la noche, luminosa.

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Del libro "Antínoo. Un día en el Paraíso", por Carlos Framb, Editorial Universidad EAFIT, Colección Acanto, Medellín (2002). 
Carlos Framb nació en Colombia en 1964.

jueves, 18 de agosto de 2011

Antinoos de nuestro tiempo



No sé si ustedes sentirán lo mismo, pero me pasó que cuando vi las fotos de este modelo llamado Samet Karagoz, se me representó la figura de Antinoo, como si el bitinio hubiera bajado otra vez a la tierra, y en el mismo país que lo vio nacer hace mil novecientos años.
Este chico turco tan hermoso tiene cosas de Antinoo, como los bucles en su cabello y la forma de las cejas.

Tal vez la diferencia mayor esté en la forma de la nariz, que en el divino bitinio según parece era más recta y hasta aguileña, aunque hay variaciones en las imágenes y son pocas las que conservan la nariz original.

Las fotos fueron tomadas en Estambul en 2009, por el fotógrafo polaco Kamil Szkopik.






“Antínoo era griego; remonté en los recuerdos de aquella familia antigua y oscura, hasta la época de los primeros colonos arcadios a orillas de la Propóntida.
Pero en aquella sangre algo acre el Asia había producido el efecto de la gota de miel que altera y perfuma un vino puro. Volvía a encontrar en él las supersticiones de un
discípulo de Apolonio, el culto monárquico de un súbdito oriental del Gran Rey.”








Fotos tomadas de la página:

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Otras cabelleras “antinoicas” encontradas en la red, de otros “Antinoos” de nuestro tiempo:




En este caso, el parecido es sólo en el pelo, ni la forma angulosa de la cara ni los labios concuerdan. Pero parece Antinoo posando ante un escultor.



Este sí, es mucho más parecido a Antinoo, sobre todo si tomamos en cuenta la representación del bitinio en los tondos del Arco de Constantino, poco antes de su muerte, donde aparece con bigote y barba incipientes. Tiene además los característicos labios carnosos.


Este modelo tiene bucles bastante antinoicos en su cabellera, y el físico atlético del bitinio. Pero el color del pelo seguramente no era éste. Según los indicios hallados por los arqueólogos, era castaño rojizo.

Y dejo para el final a este efebo maravilloso, que para mí es el más parecido a Antinoo, y además la foto está sacada en un ambiente natural, que bien podrían ser las montañas de Bitinia. Creo que así se veía el divino adolescente en sus andanzas junto a Adriano.



“Si aún no he dicho nada de una belleza tan visible, no hay que ver en ello la reticencia de un hombre completamente conquistado. Pero los rostros que buscamos desesperadamente nos escapan; apenas si un instante... Vuelvo a ver una cabeza inclinada bajo una cabellera nocturna, ojos que el alargamiento de los párpados hacían parecer oblicuos, una cara joven y ancha. Aquel cuerpo delicado se modificó continuamente, a la manera de una planta, y algunas de sus alteraciones son imputables al tiempo. El niño cambiaba, crecía. Una semana de indolencia bastaba para ablandarlo; una tarde de caza le devolvía su firmeza, su atlética rapidez. Una hora de sol lo hacía pasar del color del jazmín al de la miel.”

Textos de Marguerite Yourcenar, en “Memorias de Adriano”

martes, 12 de julio de 2011

El duelo de Adriano en una canción de Hervé Cristiani



ANTINOÜS


Estrépito de timbales de oro, dejad pasar al César

Que los pajes pintados lloren sus lágrimas de miel,
Los dioses están cansados de habitar en el cielo
Que el festín comience, que los nubios dancen,
Que los vinos de Caldea aporten el olvido

Antinoo, Antinoo
Tu esclavo dormido
Antinoo, Antinoo
No lo puedes olvidar



Por el cuero y el hierro y las águilas de Europa
Has conquistado la tierra y sometido a los hombres
Todos esos príncipes bárbaros que se rinden a tus pies
No tienen el poder de hacerte olvidar

En las estatuas de mármol y las monedas del Imperio
En el aliento de los árboles, está su sonrisa
Por la púrpura imperial que te cubre el cuerpo
Por el canto de las vestales, él vive todavía



Esta conmovedora canción de Hervé Cristiani (1990) nos muestra de manera admirable el duelo del Emperador Adriano tras la muerte de Antinoo.
Inspirada ciertamente en la obra de Marguerite Yourcenar, pero también en Baudelaire y Heredia, según comentarios leídos en la red.