martes, 22 de febrero de 2011

El Calendario Celeste


Con estas palabras de la conocida canción de Jaime Roos -haciendo referencia en este caso a la camiseta celeste-, empezamos una recorrida por la belleza (física ciertamente, pero también como personas) de algunos jugadores uruguayos.

Fue a fines del año pasado que se presentó el “Calendario Celeste”, con fotos de los jugadores de la Selección Uruguaya de Fútbol, de tan inolvidable actuación en el Mundial de Sudáfrica.
La idea fue de la empresa “Global Business Group”, y el excelente trabajo estuvo a cargo de la productora Mariana Milicevich, la directora artística Paula Delgado, y el fotógrafo Rafael Lejtrejer.
El calendario –de lujosa presentación- aún está a la venta en los supermercados montevideanos. Lo recaudado es a beneficio de la “Fundación Celeste”.
Las opciones para comprarlo desde el interior del país o desde el exterior, están disponibles en la página del Calendario:


Algunas fotos fueron difundidas como propaganda. Yo completo lo que ya se vio en internet con algunos escaneados de la revista “Gente” (14 de diciembre de 2010) -mostrando el “así se hizo...”-, y algunas fotos (fragmentos de las mismas) del almanaque.
Lo que queda claro es que es un calendario muy “a la uruguaya”, nada de fotos jugadas ni muy provocativas, y ni qué hablar, ningún desnudo.
¡Para la próxima entrega, queremos ver algo más!
Pero igual, siempre es lindo ver a esos hombres tan hermosos, así que empezamos la recorrida.

FERNANDO MUSLERA


Fotografiado en el hotel “Majestic” de Roma.
La foto de Muslera es tal vez la que más ha dado que hablar. Hay comentarios muy fuertes en algunos sitios de internet, donde se sugiere que Fernando Muslera es gay. Dicen que la pose es afeminada. Yo opino más bien que es una pose muy “gardeliana”, y a Gardel siempre lo tuvieron como un símbolo del “macho” rioplatense.

Lo cierto es que ahora Fernando está de novio con una modelo italiana muy hermosa, como para desacreditar las malas lenguas.
(Foto de Baldassarre)

Ha quedado bastante devaluado como arquero titular de la selección después de sus últimas erráticas intervenciones.
Eso sí, me hubiera gustado estar en aquel vestuario, cuando junto a sus compañeros del Lazio festejaron la “Coppa”. Uffff...





Y antes de dejar a Fernando Muslera, la recomendación es que no se pierdan el spot publicitario de la cerveza Budweiser, parodiando el penal errado por Asamoah Gyan en el último instante del partido entre Uruguay y Ghana.
Aprovecho para hacer una aclaración, porque todavía se leen en internet airados comentarios, tanto en español como en inglés, diciendo que Uruguay no mereció estar entre los cuatro finalistas del Mundial, pero sí lo merecía Ghana.
Mucho criticaron a Suárez –los que nada saben de fútbol- por haber sacado la pelota con sus manos. Cuando no queda otro recurso, todo vale, y poner una mano –o las dos, como en este caso- es el movimiento natural que haría cualquier jugador del mundo, y de cualquier selección, en esa circunstancia. Recordemos la mano de Mario Kempes en una jugada similar, durante la final entre Argentina y Holanda en el 78.

Se evita de esa manera un gol seguro, y se provoca el penal, que puede ser gol o no. Pero te mantiene con vida.
La jugada sería ilegal si el árbitro no la viera.
Pero en este caso, Suárez pagó la infracción al ser expulsado y el árbitro cobró penal.
Nada que criticar, entonces.




Y más aun, para los que insisten: toda esa última jugada de Ghana parte de una infracción no cobrada contra Uruguay en el medio de la cancha, y hay jugadores ghaneses en posición fuera de juego cuando reciben la pelota en el área, o sea que TODA la jugada careció de legalidad. No carguen tintas contra los jugadores uruguayos, por favor!!!

El video de Budweiser:




SEBASTIÁN FERNÁNDEZ

Fotografiado en el hotel “Claude” de Marbella, España.
Se nos casó hace poco el hermoso Sebastián “Papelito” Fernández.
Pueden ver un informe de su casamiento en la página de Teledoce, donde aparece vestido de traje y en toda su radiante belleza. Esta es la dirección:







EDINSON CAVANI

Fotografiado en el hotel “MH Design” de Nápoles, Italia.
Cavani es uno de los goleadores más aclamados y premiados actualmente en Europa, y se ha convertido en un ídolo para la afición napolitana.
Sorprendió a quienes lo fotografiaron por su desenfado y su actitud de modelo profesional.


Su faceta poco conocida es su gran humildad y su devoción evangélica.
En un reportaje publicado hace poco en “El País” de Montevideo, lo cuenta de esta manera:

“-La fe es muy importante en mi vida. Más que nada por el hecho de encontrar un equilibrio.

-¿Cómo llegaste a ella?

-Cuando estaba en las juveniles de Danubio, un jugador argentino, César González, me invitó un día a una reunión de los Atletas de Cristo. Empecé a ir, pero entonces no tenía la capacidad de entender. Ese no era mi tiempo, todo lleva un proceso. Y al año y medio de estar en Italia se despierta un interés de mi parte, esa intención de saber más.



-¿Sos un Atleta de Cristo?

-No, no, no. Soy un Atleta PARA Cristo. Por eso juego para Él, para darle gloria, para darle gracias por darme esta capacidad de jugar al fútbol y poder competir en una liga como la italiana, por darme ese don divino que estoy tratando de saber manejarlo cada vez más. Nosotros pertenecemos a la Iglesia Evangélica.”


El reportaje completo, en esta dirección:


ÁLVARO PEREIRA

Fotografiado en el hotel “Teatro” de Porto, Portugal.
Difícil imaginar una sonrisa más contagiosa que la del “Palito” Pereira, un digno representante de la belleza de la raza negra en Uruguay.

En el programa de Nano Folle, con su look "samurai"


WALTER GARGANO

Foto tomada en el hotel “MH Design” de Nápoles, Italia.
El “Mota” Gargano, junto con su compañero de equipo Cavani, son los “Top-Models” del calendario, por mostrar de forma muy seductora sus cuerpos de dioses griegos.
Otro de los recientemente casados, también a fines del 2010.

DIEGO LUGANO

No se indica el lugar donde se tomó la foto, pero fue en Chile según la revista Gente.
El capitán de la Selección Celeste, es uno de los “sex-symbols” para las chicas uruguayas, que esperaban ansiosas el final de los partidos para verlo cuando se quitaba la camiseta.

Si bien la foto para el calendario es muy discreta, la expresión de su rostro es la de un modelo natural.




Cavani y Lugano


JORGE FUCILE

Fotografiado en el hotel “Teatro” de Porto, Portugal.
Compañero del “Palito” en el Porto, aunque no muestra mucho en la foto, con esa musculosa luce muy seductor.

Fue también uno de mis jugadores preferidos en el Mundial, dejando el alma en cada partido, de manera conmovedora.
Un ídolo.


SEBASTIÁN ABREU

Fotografiado en su casa de Río de Janeiro, Brasil.
El inefable “Loco” ha sido el maestro de ceremonias en cuanto lugar ha estado participando con sus compañeros.
Hay dos videos imperdibles del “Loco”:
Cuando cuenta por qué picó la pelota en el último penal del partido contra Ghana, con Fucile como aliado, el único uruguayo que lo podía haber secundado en esa locura. “Las cosas que tiene Dios, me puso a Fucile al lado”, reflexiona Abreu:



El otro video imperdible es cuando recuerda la pobreza de su infancia en Minas, y no puede contener el llanto. Un “Rey de Corazones” este Loco, sin dudas, para todos los uruguayos:




DIEGO PÉREZ

El gigantesco “Ruso” Pérez, hombre acostumbrado a candombear con los suyos en el Barrio Sur montevideano, no está entre los doce seleccionados para el calendario, pero lo incluyo en esta lista para recomendarles que no se pierdan el sensacional spot publicitario de “Paso de los Toros” que lo tiene como protagonista.

El aviso muestra algún “gay touch” sutilmente insinuado:





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miércoles, 9 de febrero de 2011

Unos efebos desnudos junto al río



Una aventura juvenil de Belmonte

Juan Belmonte fue uno de los más grandes toreros de la historia.
Amigo y rival de Joselito, juntos protagonizaron la “Edad de Oro” del toreo, hasta la trágica muerte de éste último entre las astas del toro “Bailaor” en una corrida sin importancia y en una plaza de segunda categoría, en mayo de 1920.
De las memorias juveniles de Belmonte, comparto con ustedes esta excitante anécdota:

En las noches de luna, él y cinco muchachos más que anhelaban ser toreros de renombre iban a nadar al Guadalquivir, o pedían prestado un bote pesquero para llegar hasta los corrales de las haciendas, donde se guardaban los toros para corridas más o menos importantes.
Allí separaban del grupo de bestias un animal pequeño, y luego, por turno, lo enfrentaban con sus chaquetas o sus camisas.
Una noche Rivirito –el mayor y más avezado del grupo- cometió un error lamentable que le costó ser herido por el toro. Sus amigos lo levantaron y lo condujeron en brazos hasta el río, completamente desnudos, ya que habían dejado la ropa del otro lado del mismo.
Cuenta Belmonte:

“Íbamos todos como nuestra madre nos parió. Habíamos atravesado el río a nado, para lo cual siempre dejábamos la ropa en la otra orilla. Como era imposible que el herido, que seguía desangrándose, se echase al río a nadar, tuvimos que recorrer un buen trozo de ribera buscando una barca. Dimos al fin con una, y hacia ella nos fuimos llevando en brazos a nuestro pobre camarada. Éramos cinco y el herido.
Estaba baja la marea, y entre la tierra firme y la barca quedaba una ancha faja de fango y juncias en la que se nos hundían los pies al caminar, agobiados por el peso de nuestro compañero herido.


Avanzábamos lenta y trabajosamente, cuando vimos que salía del río y venía hacia la orilla, a nuestro encuentro, un toro grande, gordo y bien puesto de cuerna, que al descubrirnos se quedó encampanado mirando aquella extraña procesión de los cinco torerillos que llevaban a otro en vilo. Hizo el toro un extraño y agachó la cabeza como si fuese a arrancársenos. Creo que lo primero que se nos pasó a todos por las mentes fue tirar al herido y echar a correr. Afortunadamente, el barro en el que teníamos hundidos los pies paralizó nuestra instintiva huida, y de grado o por fuerza nos quedamos allí apiñados con el herido en alto. Al toro debió pasarle algo semejante. Sus patas se clavaban también en el limo, impidiendo la arrancada que había iniciado. En aquel preciso instante alguno musitó:
“¡Quietos! ¡Quietos! ¡Haced el Tancredo!”


Fue maravilloso. Cada cual se quedó, como si fuera de mármol, en la postura en que le cogió la advertencia.
Desnudos, inmóviles, apiñados y sosteniendo en alto el cuerpo exánime de nuestro camarada, debimos componer un curiosísimo grupo escultórico.
El miedo nos dio una rigidez sorprendente.
Había uno al que le cogió con el brazo levantado, y así se estuvo, quieto, quieto, como si lo tuviese fundido en bronce.


El toro, sorprendido, nos miraba de hito en hito.
Avanzó lentamente. Se azotaba con el rabo los ijares, acechando la provocación del más leve ademán.
Nosotros, ofreciéndole impasibles nuestros cuerpos desnudos bañados por la luna, permanecimos como si fuésemos estatuas.


Dio el toro unos pasos más, nos miró, volvió a mirarnos, cada vez más extrañado ante aquel raro monumento escultórico en carne viva erigido en sus dominios. El maldito animal no acababa de convencerse. Cuando parecía que se iba, volvía otra vez la cabeza.
Y así toda una eternidad, hasta que definitivamente volvió grupas aburrido, y arrancando sus pezuñas del fango, una a una, con una lentitud desesperante, se alejó.”

El torerito herido se repuso más tarde.
Toda esta escena contada por Belmonte me hizo recordar la famosa canción de “La luna y el toro”, de la cual hay innumerables versiones.
En este caso, el toro no se enamoró precisamente de la luna, sino de aquella estatua viviente iluminada por el astro nocturno.





Creo que la visión deslumbrante de esos cuerpos jóvenes y perfectos, como un grupo de dioses griegos, hizo que el toro olvidara su ferocidad para rendirse, no ante las artes de un torero, sino ante la belleza divina de aquellos efebos.

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Acerca de la aparición de Juan Belmonte en el ruedo, leemos en unos apuntes históricos de Manuel Gracia:

“La historia de la tauromaquia no registra caso de tan honda pasión popular como el de Juan Belmonte.
Su revelación en la plaza de Sevilla es la efemérides, sin duda, más sensacional del toreo.





En esa tarde de julio de 1912, en un abrir y cerrar de ojos, Juan Belmonte y García paró el curso histórico de las tradiciones toreras.
Su nueva concepción estética del toreo, con fondo y forma sobrenaturales en la ejecución, rompía, ante el asombro de las multitudes, todas las prácticas y leyes aportadas desde siglos por los grandes maestros de la tauromaquia.
Nuevas formas toreras, ampliadas a la máxima expresión del valor, del escalofrío, de grandeza dramática y de serena y plena conciencia.”

Yo soy totalmente ignorante del mundo de la tauromaquia, porque en Uruguay las corridas de toros fueron prohibidas ya desde el comienzo del siglo 20, pero de lo que he leído por ahí, me enteré de esa época de oro del toreo.
Que se caracterizó por la rivalidad de Belmonte, un revolucionario que toreaba con el cuerpo pegado al toro, en actitud casi suicida, y el gran Joselito, fallecido a los 25 años, representante de la escuela clásica del toreo, arte que llevó a la máxima perfección, porque había toreado desde niñito y conocía las reses como nadie.


Belmonte (centro) y Joselito (derecha)


Acerca de la mutua influencia entre Joselito y Belmonte, y del trágico final de ambos, rescato para ustedes estos párrafos tomados de la excelente página



Habían llegado José y Juan a ser grandes amigos. Del mismo modo que José (apodado “Gallito”) acabó toreando en los terrenos de Juan, y Juan aprendiendo la técnica de José, aunque con limitaciones físicas, sus dos personalidades se fueron hermanando. Viajaban juntos en el tren y se cambiaban de vagón al llegar a las estaciones, para no defraudar. Joselito, que lo tenía todo, era muy desgraciado en amores. El día antes de su muerte torearon en Madrid, y Gallito le dijo a Belmonte que debían retirarse, porque así no se podía torear. Juan estaba de acuerdo. Fue una tarde horrible.
José canceló la corrida madrileña del día siguiente y se fue a torear a Talavera. Allí le esperaba la muerte.

Belmonte murió con él. Luego se retiró dos veces, rejoneó, tuvo cortijo, ganado y millones. Envejeció lentamente, entre Madrid, Sevilla y su finca de Utrera. De vez en cuando se le veía en «Los Corales», con sus gafas negras, hablando poco y del tiempo. Tenía en la boca la tristeza de la muerte que fue de otro. Con 70 años, se enamoró sin esperanzas de una flamenca muy joven. Una tarde, salió a pasear a caballo, arreó el ganado, contempló el ocaso, volvió a la casa, subió a su habitación y se pegó un tiro.
___________

Fuentes consultadas:
-        “Juan Belmonte, Matador de Toros”, por Manuel Chaves Nogales, Alianza Editorial, 1969
-        “Drama y triunfo de Juan Belmonte” por Barnaby Conrad, en revista “Mundial”, 4 de noviembre de 1953


miércoles, 22 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad! ¡Feliz Año Nuevo!



Mis mejores deseos para todos los visitantes de este blog.
Por encima de todo, les deseo una vida afectiva rica y provechosa:
que aquellos que buscan su media naranja puedan encontrarla, y que quienes buscan relaciones casuales o pasajeras se cuiden, cuiden a los demás, y disfruten de esos momentos mágicos.
Mi saludo de este año es con Troy, uno de los hermosos modelos de Teens Boys World, y que es también uno de los "Papá Noeles" más lindos de la red.
Un brindis con todos ustedes, ¡Chin Chin!
























Y algunas fotos del álbum privado con su amiguito Dima:













martes, 7 de diciembre de 2010

El Caballero de la Salsa



Noche mágica en Montevideo.
Don Gilberto Santa Rosa, el Caballero de la Salsa, ofreció un recital en el Teatro de Verano, frente al Río de la Plata.
Una noche cálida y estrellada, especial para soñar, para dejarse llevar por esa música maravillosa, música para celebrar la vida, y por esa voz única, increíble.

Bailé todo el tiempo, como un poseído.
Ahora me levanté tarde y seguramente llegaré tarde al trabajo.
Pero este buen cansancio valió la pena.
¡Gracias, Don Gilberto!
Ojalá pudiéramos tenerlo más tiempo con nosotros.
Un abrazo para usted y para todo Puerto Rico.

Ahí va la letra de uno de los temas que más me gustan,
y que anoche escuché con tanta emoción:



Pido la paz para esta guerra, quisiera deponer mis armas
Parar con esta hostilidad que no conduce a nada
Te propongo una tregua,
Hago un llamado a tu conciencia
La mía ya me está matando, quien te está hablando se rindió
Perdió todas sus fuerzas, y hoy viene a suplicarte
Y a pedir perdón

Ay perdóname, perdóname
No me hagas llorar, no sé cómo hablar
ay perdóname, perdóname
Qué tengo que hacer, si quieres me rindo a tus pies

Quiero que sepas que he cambiado, que estar sin ti ha sido amargo
Por qué me tuve que perder y andar en malos pasos
Y hoy que vuelvo a encontrarte
Quisiera volver

Ay perdóname, perdóname
No me hagas llorar, no sé cómo hablar
ay perdóname, perdóname
Qué tengo que hacer, si quieres me rindo...

Perdóname, perdóname

lunes, 6 de diciembre de 2010

Alfonsina en Uruguay


La gran poetisa argentina Alfonsina Storni nace en Sala Capriasca, Cantón Ticino de la Suiza Italiana, el 29 de mayo de 1892. Vive en Argentina a partir de 1896.
Escribe su primer poema a los doce años, y de allí en más se convertirá en una de las voces femeninas fundamentales de la poesía latinoamericana.

                                        Casa natal de Alfonsina en Sala Capriasca, Suiza


Alfonsina a los dos años con su hermana María (arriba) y a los trece con su hermano menor Hildo Alberto (abajo)

En 1920 viaja por primera vez a Montevideo, invitada por nuestra Universidad para dar conferencias. Su disertación sobre Delmira Agustini es calificada de “extraordinaria” por los diarios de la época.

Juana de Ibarbourou, años después, la recordará como alguien alegre, de conversación chispeante, a veces muy aguda, a veces sarcástica, con quien nunca congenió. “Nuestros corazones no se encontraron jamás”, dice Juana, “era imposible que coincidiéramos en algo”.
“Un núcleo de lo más granado de la sociedad y de la gente intelectual la rodeó siguiéndola por todos lados. Alfonsina, en ese momento, pudo sentirse un poco reina. Tuvo su corte. Tuvo sus cortesanos. Ella reía, jugaba; pero creo que también fue herida en el juego... Cuando el barco partió, llevándosela, Alfonsina dejó tras sí una estela de simpatías profundas; y algo más; alguien, en el muelle, encendía pequeñas luces hasta que el barco ya no fue visible; en la noche, Alfonsina debió verlas en forma de corazón.”
Cuenta Arturo Capdevila que, de regreso en Buenos Aires, Alfonsina escribió a un amigo: “Conocí la apoteosis, y ahora estoy sola, como desterrada, extrañando tanto que desearía volverme en seguida; pero yo no sé si las pequeñas luces de la noche volverán a recibirme en la mañana. En todo caso temo que parezcan, ya, corazones que se están apagando.”
Alfonsina quedó prendada de Montevideo, y dedicó varias poesías a la ciudad y a otros lugares de nuestro territorio.
En aquel primer viaje la impresionó vivamente la vista de los dos cementerios de Montevideo que miran al mar, el Central y el del Buceo, al cual dedicó una poesía sublime, que empieza diciendo:
“Decid, oh muertos, ¿quién os puso un día
así acostados junto al mar sonoro?”

Durante su estadía en playas uruguayas en 1935, la poetisa descubre que tiene un tumor en el pecho izquierdo.
En las dos fotos siguientes, la vemos leyendo sus poemas del libro “Mundo de Siete Pozos” en la radioemisora montevideana CX 12 Westinghouse, más precisamente en la audición conducida por el joven poeta Nicolás Fusco Sansone y llamada “30 Minutos en el Mundo de la Cultura”.
Fue en marzo de 1935.


Alfonsina volvió a Montevideo en enero de 1938. Gastón Figueira, cuya relación con la Storni comentaremos en el próximo artículo, recuerda esa visita:
“...Y así llegó aquel luminosísimo verano de 1938 en que, hallándose casualmente Gabriela Mistral en Río de Janeiro- realizando en la mágica ciudad su primera estada, luego de algunos pasajes rápidos, de simple escala naviera- efectuáronse en Montevideo los Cursos Sudamericanos de Vacaciones y se pensó -¡certero pensamiento!- en la conveniencia de invitar a la escritora chilena a tomar parte en un acto de dichos cursos, acompañada de Juana de Ibarbourou y de Alfonsina Storni, que se hallaba de vacaciones en el pintoresco departamento de Colonia, a poquísimas horas de la capital uruguaya.”

                                                        Gabriela, Alfonsina y Juana

Así evoca ese último encuentro con Alfonsina la gran Juana de América:
“La vi por última vez en la Universidad de Montevideo, cuando en los cursos de vacaciones del año 1938, Eduardo de Salterain Herrera, entonces director de Enseñanza Secundaria, reunió en un acto que se ha clasificado de clásico, de memorable, a las que entonces se llamaba ¡oh dioses!, “las Tres Musas de América”. Fuimos a hacer ante un público que era muchedumbre, la confidencia del advenimiento del verso a través de nuestra sensibilidad. Cada una se desempeñó como pudo en esa emergencia tan difícil. La recuerdo “chatilla y fea” como dijera de sí ella misma, muy roja de sol uruguayo y de los salinos vientos de la costa de Colonia, de donde vino expresamente para ese acto. Como siempre, reía y conversaba con su temible agudeza. Sin embargo, había escrito imperecederamente:
"Yo soy la mujer triste
a quien Caronte ya mostró su remo."
Y en verdad estaba herida de muerte. Todo en la vida “se le había dado a medias”, y ya sabía también “que el arte de morir es cosa dura: se ensaya mucho y se aprende bien”.

El sábado 22 de octubre de 1938, Alfonsina está en Mar del Plata y escribe allí su último poema, “Voy a dormir”; lo lleva hasta el correo –a pesar de los dolores y el cansancio que la aquejan- y lo envía al diario La Nación.



VOY A DORMIR

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...

                                             Monumento a Alfonsina en la playa La Perla


El martes 25 la oyen salir de la casa poco después de la una de la madrugada, y hay quienes recuerdan haberla visto deambular entre sombras por la playa La Perla.
Poco antes de las ocho de la mañana encuentran su cuerpo flotando en las aguas, muy cerca de la orilla.
Alfonsina había entrado definitivamente en la historia y en la leyenda.

___________
Fuentes consultadas: Artículos varios en el Suplemento Cultural de El Día, y los libros "Genio y Figura de Alfonsina Storni" por Conrado Nalé Roxlo, y "Alfonsina Storni" por Eugenia Rey.

domingo, 15 de agosto de 2010

La carta




Dios te perdone al fin tanta tortura:
bien que a tu mano la movió el despecho
y daga fina hundísteme en el pecho,
que no te sea la existencia dura.

Que una vez más conozca la amargura
importa poco; el corazón deshecho
aprende más con tu impiedad. Bien hecho;
gracias, amigo, que esto me depura.

Iba teniendo una sospecha vaga
de que la llama del placer se apaga
poquito a poco en el camino humano.

Temblaba acaso por su leve abrigo,
pero inquietud me ahorras, buen amigo,
que de un golpe la ciegas con tu mano.



(El soneto se llama "Conversación", y es de Alfonsina Storni)